yo que nací adulta y armada
de la cabeza de mi padre
yo que fui amada por tantos guerreros
que me entregaron su vida sobre las hecatombes
fui espada en manos de los asesinos
daga sacrificial en los altares
brújula en los abismos del océano
constelación, grial
yo que fui la favorita contra toda profecía
tuve apenas este pétreo corazón de virgen
yo que deseaba el amor
las manos tibias y callosas de las labradoras
la moldura del pan
el hijo que me fue negado
yo que habito en este Olimpo
de eternidades y de prodigios
yo que gobierno el destino de tantos hombres
veo el futuro
las áureas estatuas
los mármoles, los holocaustos
los versos escritos en mi nombre
y aún así anhelo
sentir bajo la piedra
el mínimo roce
medular
hace falta un lugar y una persona
para nombrar el hallazgo
algo escondido y único
como un cuenco que nunca se vacía
hace falta la fe y dispararse
hacia el centro de la Noche
cumplidas las instancias esperables
pagado todo derecho a descender
hace falta una guía
la sutil entrega a lo invisible
que bajo forma de hombre
o de pájaro o de ángel
nos lleve al mísmísimo núcleo
del infierno
y allí, donde se sabe que no hay retorno
los monstruos se organizan
para guardar la entrada
hecha de miedos indivisos
allí, detrás del río y de la ciudadela
hay un cuenco y un puñado
de tierra luminosa
que cifra los destinos del mundo
(Sutura, inédito)- Tomado de poemania 143
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